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Botellas

“Como la responsabilidad del fabricante de un producto frente a la víctima no contratante -en el caso, por explosión de una botella de gaseosa- es de carácter extracontractual, aquel sólo podrá eximirse si invoca y prueba alguna causa que excluya la reprochabilidad de su conducta, imputable por el riesgo o vicio de la cosa” (C. Nac. Civ., sala E, 11/11/1996, "A.S.D. c/ Coca Cola S.A.", LL 1997-E-1019).
“Cabe apuntar que según las conclusiones del informe pericial (…) emitido por ingenieros del INTI (Quinteiro y Kuguel), el barril cuyo estallido causó la muerte del doctor C., era portador de vicios, que disminuían su resistencia estructural, y en las zonas adyacentes a la fractura, marcada corrección en algunos casos superaba la mitad del espesor de la chapa” (C. Civ y Com. San Martin, sala I, 13/02/1997, “T. de Ceballos, L.I. c/ Bieckert S.A. y otros”, LLBA 1997-913).
“La botella se categoriza como cosa inanimada, inerte, que puede ocasionar un daño cuando actúa como prolongación de la actividad humana (daño con la cosa), o bien si, por su situación anormal, provoca una contingencia dañosa (daño por la cosa). En ambos casos serán responsables el dueño o guardián, pero serán diferentes las causales de eximición, ya que, para el primero, hay presunción legal de culpa y, en el segundo, hay prescindencia de tal elemento, ingresando en la órbita de la responsabilidad objetiva” (C. Nac. Civ., sala D, 15/10/1998, “Scarone, Raúl Rolando c/ Supermercado Norte Sucursal Villa Devoto y otros s/ daños y perjuicios”, inédito).
“El art. 1113 CCiv. no habla de cosa riesgosa, sino del riesgo de la cosa, el que puede resultar de la conexión con diversos factores, por lo que el juez en cada oportunidad debe preguntarse si la cosa genera un riesgo en el que pueda ser comprendido el daño sufrido por la víctima. Ahora bien, cosa productora de riesgo en el concepto del art. 1113 CCiv. debe considerarse aquella que en función de su naturaleza, o según su modo de utilización genera peligros a terceros [...] ya sea por carga excesiva de presión del sifón, por la propia manipulación del envase durante su elaboración o transporte a manos del consumidor, lo cierto es que cuando la actora toma el sifón confiado en que nada le iba a pasar, se produjo la explosión, con la consiguiente pérdida de su ojo y demás derivaciones que informan los dictámenes periciales. Téngase en cuenta además que la posibilidad de producir lesiones a terceros fue uno de los factores determinantes para el reemplazo de los envases de vidrio por los de plástico, tanto en el caso de sifones como en bebidas gaseosas, ello permite sostener sin dudas el carácter riesgoso de la cosa productora del daño en esta litis” (C. Civ. y Com., Morón, sala I, 29/11/2000, "M., E. c/ Billone, Carlos A.", LLBA 2001-1115).
“Se trata aquí de un accidente ocurrido el día 27 de noviembre de 1996, cuando el actor atendiendo su local comercial -copetín al paso-, anexo a un kiosco del cual es su propietario junto con su cónyuge, en circunstancias en que acomodaba un cajón de doce envases de cerveza marca Quilmes, todos ellos sin abrir y con la bebida en su interior, sosteniéndolo con los dos manos a la altura del tórax, en forma imprevista y sin que pudiera evitarlo, una de las botellas explotó derramando su líquido y los vidrios impactaron en su cuerpo y rostro, causándole una profunda herida cortante en su nariz” (C. Nac. Civ., sala M, 20/12/2001, "Etchezuri, Alfredo c/ Cerveza y Maltería Quilmes S.A.", RCyS, Año IV, Nº 2, marzo-abril de 2002, ps. 155/161).
“La botella actuó como una cosa riesgosa. Ya sea por un defecto en el envase, o un exceso de la presión” (C. Nac. Civ., sala M, 20/12/2001, "Etchezuri, Alfredo c/ Cerveza y Maltería Quilmes S.A.", RCyS, Año IV, Nº 2, marzo-abril de 2002, ps. 155/161).
“La demandada acreditó que con los controles a los que se someten los envases y el proceso de pasteurización de la cerveza, es improbable el estallido espontáneo de una botella” (C. Nac. Civ., sala C, 5/9/2002, “Gustatis de Thaler, Hilda Josefa c/ Carrefour Argentina S.A. y otro s/ daños y perjuicios”, inédito).
“El Sr. perito ingeniero describió el proceso que observó en la Cervecería Quilmes desde que ingresan los envases. Se retiran los que visualmente presentan roturas, luego en cintas transportadoras se trasladan a dos líneas lavadoras que pasan por cámara de lavado con una aumento progresivo de la temperatura hasta un máximo de 80° centígrados, interviniendo agua y soluciones cáusticas; luego pasan a bateas de enjuague con agua caliente y escurrido. Con posterioridad pasan por una pantalla de inspección con sensores electrónicos que detectan resabios de suciedad interna, diferencias de color y cualquier rotura, fisura o falla que presente el material apartando las botellas automáticamente. Agregó el perito que observó que el dispositivo tiene alta definición en la detección de defectos por retirar botellas que tenían en el pico melladuras mínimas” (C. Nac. Civ., sala C, 5/9/2002, “Gustatis de Thaler, Hilda Josefa c/ Carrefour Argentina S.A. y otro s/ daños y perjuicios”, inédito).
El proceso continúa con el llenado del envase con cerveza, alcanzando una presión interna de 2 Kg. y luego se tapan. Pasan nuevamente por una pantalla de inspección separándose las botellas incompletas. Luego ingresan a dos líneas de pasteurizado sometiendo a una temperatura desde 20° a 65° y que luego se disminuye paulatinamente. Ese proceso dura 50 minutos y por la acción del calor la presión interna de la cerveza aumenta alcanzando 7 kg. El perito informó asimismo que las cristalerías que fabrican los envases realizan una prueba hidrostática a 20 kg.de presión, que es mucho mayor que la definitiva interna de 2 kg. Finalmente el Sr. perito expresó que la temperatura en el local de ventas del supermercado es de 20/25 °. Al responder el pedido de explicaciones el Sr. perito dijo que el espesor actual de las botellas por satisfacer pruebas a una presión de 20 kg/cm2, responde a un diseño altamente confiable respecto a la exigencia de presiones internas para que no se produzcan los casos aislados de estallido o rotura. Asimismo dijo que a temperatura normal de 25°C, con la botella en reposo la presión interna es de 1,3 kg/cm.2 y agitada de 2,9 kg/cm2. En una exposición solar de horas en meses cálidos en que la temperatura ascendiera a 41°C, su presión interna es de 2 kg/cm2 en reposo y 4,8 Kg/cm2 con agitación. A mayor abundamiento, el Servicio Meteorológico Nacional informó a fs.313 que el día 6 de diciembre de 1992 la temperatura osciló entre los 17,6 y 28,8 °C” (C. Nac. Civ., sala C, 5/9/2002, “Gustatis de Thaler, Hilda Josefa c/ Carrefour Argentina S.A. y otro s/ daños y perjuicios”, inédito).
“Los envases (…) deben ser suministrados en forma tal que no presenten peligro alguno para la integridad física del consumidor. Por tanto, el embalaje debe cubrir los recaudos de seguridad tales que contemplen los riesgos propios a los que están expuestos (caídas, calor, fríos, choques, etc.), ya que todas esas vicisitudes son previsibles y si así lo son y en el producto no se efectúa advertencia alguna, se entiende que el envase no debe estallar, y que si lo hace no producirá daño alguno al consumidor” (Juzg. Nac. Civ. N° 5, 12/5/2003, "López, Marisol A. c/ Compañía Cervecera de Buenos Aires S.A.", RCyS, año VI, Nº 7, julio 2004, p. 52).
“En relación con la Cervecera es de naturaleza extracontractual, ya que encuadra dentro del concepto de vicio o riesgo de la cosa respecto a esta codemandada es de aplicación el art. 1113, segundo párrafo, último apartado CCiv. [...] No se me escapa que el susodicho art. 1113 CCiv. responsabiliza al dueño o guardián, pero comparto la opinión de aquellos que sostienen que dicha enumeración es simplemente enunciativa y, además, corresponde hacer una interpretación adecuada del precepto, apoyándose en la fundamentación última de la teoría recogida, que obliga a quien ha introducido el riesgo en la comunidad” (Juzg. Nac. Civ. N° 5, 12/5/2003, "López, Marisol A. c/ Compañía Cervecera de Buenos Aires S.A.", RCyS, año VI, Nº 7, julio 2004, p. 52).
“Podría aceptarse que el estallido espontáneo de un embalaje de esas características, sin causa ajena que lo provoque, haga presumir el estado defectuoso o el riesgo que entrañaba la botella, pero no corresponde generalizar esa presunción a todas las botellas de vidrio que contengan bebidas gaseosas que se rompan y causen daño” (C. Nac. Civ., sala C, 12/2/2004, "López, Marisol A. c/ Compañía Cervecera Buenos Aires S.A. y otro", RCyS, año VI, Nº 7, julio 2004, p. 61).
“En un caso similar al presente, en el que se había invocado que una botella de cerveza puesta en el mercado por otra empresa cervecera había explotado en el aire, la sala mediante el voto del doctor Fernando Posse Saguier luego de considerar que la actora no había probado que la botella hubiese estallado espontáneamente y de analizar detenidamente la prueba pericial de ingeniero, concluyó que los hechos en los que la actora se basó para imputar responsabilidad a las demandadas han sido desvirtuados por la prueba producida en esos autos, aclarando que las alegaciones de la demandante vinculadas con la exposición solar de las botellas y la temperatura como causas generadoras del estallido espontáneo, no son causa suficiente para presumir ese acontecimiento, ya que las sucesivas pruebas a las que se someten los envases, tanto por parte del fabricante como por la cervecería en el proceso de selección, lavado y pasteurizado, descriptas por el perito, permiten concluir que el accidente no se produjo por esas condiciones (C. Nac. Civ., sala C, 5/11/2002, "Gustatis de Thaler, Hilda Josefa c. Carrefour Argentina S.A. y otro s/Daños y perjuicios", L. 343.616)” (C. Nac. Civ., sala C, 12/2/2004, "López, Marisol A. c/ Compañía Cervecera Buenos Aires S.A. y otro", RCyS, año VI, Nº 7, julio 2004, p. 61).
“Ante el proceso utilizado por la empresa cervecera y la conclusión del perito de que sin injerencia de factores externos es prácticamente nula la posibilidad de que una botella explote, la sola mención del golpeteo y del aumento de temperatura y presión, sin dato específico alguno que evalúe la resistencia concreta de envases similares al que se rompió en el hecho motivo de este expediente, y la falta de prueba del estallido espontáneo de la botella, corresponde concluir que no se acreditó el riesgo o vicio de aquella” (C. Nac. Civ., sala C, 12/2/2004, "López, Marisol A. c/ Compañía Cervecera Buenos Aires S.A. y otro", RCyS, año VI, Nº 7, julio 2004, p. 61).
“Se ha entendido que la botella se categoriza como cosa inanimada, inerte, que puede ocasionar un daño cuando actúa como prolongación de la actividad humana (daño con la cosa), o bien si, por su situación anormal, provoca una contingencia dañosa (daño por la cosa). De tal forma se sostuvo que en ambos casos serán responsables el dueño o guardián, pero son diferentes las causales de eximición, ya que, para el primero, hay presunción legal de culpa y, en el segundo, hay prescindencia de tal elemento, ingresando en la órbita de la responsabilidad objetiva (C. Nac. Civ., sala D, 15/10/98, "Scarone, Raúl R. C. Supermercado Norte sucursal Villa Devoto y otros", JA, 2000-IV, 138 índice, sum. 147). Descartado en el caso que se trate de un supuesto de daño causado por el vicio o riesgo de la cosa, en supuestos como el del caso en los que la intervención de la cosa ocurrió cuando la botella ya estaba en poder de la damnificada, pues el hecho acaeció cuando estaba descargando en la casa de su madre las mercaderías compradas en el supermercado y había tomado una botella de gaseosa en una mano y la cerveza en otra, no corresponde considerar que el daño de esa cosa inerte se produjo como prolongación de la actividad humana del dueño o guardián, sino que en tal hipótesis solo puede ser imputado al actuar negligente de la víctima, y por tanto resulta inaplicable al caso la presunción de culpa del dueño o guardián previsto en la primera parte del segundo párrafo del art. 1113 CCiv. Aquel actuar negligente estaría configurado por no haber adoptado el cuidado y la atención en la manipulación de la botella cuando realizaba la descarga, y si los restos de la botella rota fueron observados por la empleada doméstica en el suelo, es de presumir como más probable que el envase se le cayó de la mano a la reclamante, y si bien la caída de un objeto de vidrio y más aun cuando el líquido contenido tiene gas origina un riesgo, éste y el daño consecuente se generó por la caída imputable al obrar de la víctima” (C. Nac. Civ., sala C, 12/2/2004, "López, Marisol A. c/ Compañía Cervecera Buenos Aires S.A. y otro", RCyS, año VI, Nº 7, julio 2004, p. 61).
“Tampoco debe requerirse información especial sobre un hecho notorio y conocido naturalmente por cualquier persona del peligro que implica la rotura por caída al suelo de un recipiente de vidrio que contiene bebida gaseosa. La protección al consumidor contemplada en esa ley presupone que la cosa sea utilizada en condiciones previsibles o normales de uso (art. 5º ley 24.240), la caída de la botella imputable a la víctima excluye la aplicación de esa hipótesis legal” (C. Nac. Civ., sala C, 12/2/2004, "López, Marisol A. c/ Compañía Cervecera Buenos Aires S.A. y otro", RCyS, año VI, Nº 7, julio 2004, p. 61).
“A su vez, el perito ingeniero industrial David Cohen, en la experticia de fs. 161/65, destaca, luego de describir tanto el proceso de elaboración de la cerveza como el de envasado, que un envase conteniendo cerveza producida por la empresa, utilizado en forma normal de acuerdo con su destino (no sometido a maltrato, golpes, caídas, etc.) y en estado inmóvil, por sí solo, es prácticamente imposible de producir algún tipo de accidente. Las especificaciones técnicas y los mecanismos de control presentan un conjunto de exigencias para envases de modo tal de soportar presiones mucho mayores que las que corresponden a su contenido. Las botellas deberán resistir una presión interna promedio, por entrega, de 20 kilogramos/centímetro cuadrado, mientras que la presión normal interna es del orden de los 1,9 kilogramos/centímetro cuadrado, por lo que la resistencia a la presión interna promedio por entrega es de aproximadamente diez veces la presión normal promedio cuando el envase contiene cerveza. Ello coincide con las manifestaciones vertidas por Hugo H. Tomassini, supervisor de calidad de la empresa, que declara a fs. 211” (C. Nac. Civ., sala K, 28/5/2004, "Baños, Alicia C. c/ Cervecería y Maltería Quilmes S.A.I.C.A. y G.", JA 2004-III-260).
“El actor inició demanda a raíz de los daños causados por un chapita (tapa) de una botella de cerveza que al apoyarla en la mesada de su casa, salió disparada impactándole en el ojo. La sentencia de fs. 362/365 rechazó la acción”. (C. Nac. Civ., sala B, 7/4/2006, "Núñez, Wenceslao c/ Cervecería y Maltería Quilmes S.A.I.C.A.Y.G. s/ daños y perjuicios", elDial - AA34E9).
“Cuerpo Médico Forense. A f. 154 el cuerpo colegiado dice "el paciente refiere haberse golpeado con una chapa (tapa de bebida). Más adelante "la etiología es traumática", para concluir lapidariamente a la viabilidad de la demanda "no pudiéndose comprobar el nexo de causalidad con los hechos denunciados" (f. 165). Lo espontáneo que pueda resultar a juicio de quien así lo declara su propia manifestación, no basta para tener por acreditado en juicio (y con ello responsabilizar a un tercero) la versión de los hechos (art. 16 y 18 de la CN, 364 y 377 del CPCC) máxime uno que sucede en la privacidad del domicilio, en presencia de quienes se hallaban convidados al mismo. El hecho de autos no resulta cotidiano. Esto obliga a un esfuerzo procesal de quien lo invoca. Es la excepción y como tal hay que probarla, no es la regla” (C. Nac. Civ., sala B, 7/4/2006, "Núñez, Wenceslao c/ Cervecería y Maltería Quilmes S.A.I.C.A.Y.G. s/ daños y perjuicios", elDial - AA34E9).
“Puedo afirmar, que las llamadas máximas de la experiencia - normas que permiten formar la convicción del sentenciante, pues poseen valor general, independiente del caso específico y que extraídas de cuanto ocurre generalmente en diversos casos, pueden aplicarse a todos los otros de la misma especie (Couture, Fundamentos del Derecho Procesal Civil, p. 229)- y los registros jurisprudenciales, afortunadamente no dan cuenta de casos que " Al apoyar la botella sobre la mesada, imprevista y sorpresivamente SALTO LA CHAPITA (que es el tapón de la botella)" (f. 7 vta.). La presencia de una gran cantidad de casos da como resultado un regla, contra la cual hay que probar la excepción (arts. 34, inc. 4 y 163, inc. 5to.párr. 2do. CPCC). Todo corroborado por el informe de f.73 de la Cámara de la Industria Cervecera Argentina (a la que obviamente pertenece la demandada) que aprecio en los términos del art. 386 del CPCC, dando cuenta de la inexistencia de denuncias, como la del caso de autos” (C. Nac. Civ., sala B, 7/4/2006, "Núñez, Wenceslao c/ Cervecería y Maltería Quilmes S.A.I.C.A.Y.G. s/ daños y perjuicios", elDial - AA34E9).
“La actora no ofreció ninguna prueba de pericia para acreditar la versión de los hechos en los cuales basó su testimonio (art. 163, inc. 5to. CPCC). Si lo hizo la demandada (f. 39 vta.) quien obtuvo de la perito ingeniera industrial, la siguiente respuesta". Sería prácticamente imposible que la tapa no siendo sometida a maltratos, golpes, caídas, etc., se desprendiera espontáneamente y proyectase sola" (f. 73). La causalidad puede quedar comprobada por medio de presunciones; pero ello no implica aceptar que la causalidad en sí misma pueda ser presumida (Bustamante Alsina, J en LL 1991-D, 107)” (C. Nac. Civ., sala B, 7/4/2006, "Núñez, Wenceslao c/ Cervecería y Maltería Quilmes S.A.I.C.A.Y.G. s/ daños y perjuicios", elDial - AA34E9).
“El actor que imputa a la demandada lanzar al mercado un "producto defectuoso" no probó un "escape" en la línea de elaboración ni siquiera ofreció pericia técnica, ni alegó incumplimiento de alguna de la normas IRAM que hacen al "deber de seguridad" 6042, 6101, 6103, 6109, 6201, y concordantes tocantes al perfil y medidas de las bocas para tapa corona, envases de vidrio, determinación de la resistencia a la presión interna, de recocido por examen polariscópico, determinación de la resistencia al choque térmico, a la carga vertical, etc” (C. Nac. Civ., sala B, 7/4/2006, "Núñez, Wenceslao c/ Cervecería y Maltería Quilmes S.A.I.C.A.Y.G. s/ daños y perjuicios", elDial - AA34E9).
“Convengamos que el invocado defecto de fabricación, no hace a la concepción misma del producto. Por el contrario, si bien es posible, ese "escape" a los controles de calidad, propios de la actividad empresaria, es la excepción y como tal no se puede presumir sin un contexto de prueba coadyuvante” (C. Nac. Civ., sala B, 7/4/2006, "Núñez, Wenceslao c/ Cervecería y Maltería Quilmes S.A.I.C.A.Y.G. s/ daños y perjuicios", elDial - AA34E9).
“Es que se advierte que la estrategia defensiva de la demandada ha sido probar su "no culpa" y no las eximentes que he enunciado al comienzo de este voto. En efecto, ambas pericias realizadas en autos tienden a demostrar que el proceso automatizado de envasamiento del producto Coca Cola está dotado de controles tales que harían imposible que de dicha cadena de producción salga un "producto" como el analizado por el Instituto Nacional de Alimentos según informe que obra a fs. 16 de la causa penal que tengo a la vista” (C. Nac. Civ., sala A, 11/12/2006, “Soler, Miguel y otros c/ Coca Cola S.A.I.C. y F.”, LL 2007-B-613).


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